Una intensa melancolía embriaga mi alma. Un palio, ya de espaldas, enfila la calle y continúa su cadencioso caminar de la misma manera que una frágil pluma cae desde el cielo: lenta y suavemente, pero sin cesar.
Siento que no puedo apartar la mirada de tu manto, mecido dulcemente a compás de la dulce melodía. Tus bambalinas se contonean y danzan con la suave brisa que se pasea entre tus varales de plata para acariciar tu dulce rostro. Podría detenerme en la poesía de tu palio, en esa perfección en movimiento que recorre nuestras calles, pero si lo hago, cuando me de cuenta el palio ya habrá arriado y será hora de irme.
