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miércoles, 10 de diciembre de 2014

El Cirineo: Cuestión de supervivencia


A nadie escapa que la sociedad que nos rodea es una entidad con vida propia, cambiante, que va modificándose con el devenir de los tiempos. Hay quien defiende que el curso de la historia experimenta comportamientos cíclicos que, con matices, provoca que lo que hoy sucede haya ocurrido con anterioridad de manera más o menos parecida. Por eso cuando analizamos la realidad que vivimos no detectamos nada nuevo bajo el sol. Una sociedad en crisis, una masa importante de corrupción alrededor o dentro de la clase política y unos cuantos charlatanes iluminados que pretenden salvarnos de la misma casta a la que ellos pertenecen. Lo mismo que sucedió en nuestro país en los años treinta y que terminó como terminó… o en la Italia pre Musollini, o en la Alemania pre Hitler.

Cuando los seres humanos venimos al mundo lo hacemos básicamente para tomar decisiones, incluso cuando decidimos abstenernos en algo, estamos optando por un camino concreto, el de no mojarnos como si la película no fuese con nosotros y mirar para otro lado. Cada cual ha de estudiar las opciones que se le plantean y evaluar en base a qué motivaciones tomar una decisión. Los cristianos, cofrades o no, tenemos que implicarnos igualmente. Se avecinan tiempos inestables, muy diferentes a los que en las últimas décadas hemos vivido. El último momento crítico al que nuestra sociedad se tuvo que enfrentar ocurrió en la segunda mitad de la década de los setenta y entonces, el advenimiento de la democracia, parecía que supondría el fin del apoyo social a nuestras hermandades y el ocaso de la Semana Santa como concepto, porque la libertad, provocaría que el pueblo soberano diera la espalda a todo aquello a lo que se habían visto obligados en la etapa de la dictadura, a todo lo que sonase a catolicismo, aunque fuese muy por encima, como en las hermandades. Por todos es sabido que sucedió exactamente lo contrario. El boom cofrade que siguió a aquellos años de incertidumbre y de grandeza política, que nadie lo olvide especialmente en estos tiempos, fue sencillamente espectacular, por muchas razones, entre otras porque no se han de subestimar conceptos tales como la fe, la tradición o ese sentimiento de llevar la contraria que mucho tenemos especialmente desarrollado. Y porque aunque algunas veces lo parezca, el pueblo no es imbécil, al menos no la totalidad del pueblo. También por causas económicas que en otro momento podríamos analizar, la salida de última gran crisis económica (la del petróleo del 73, la inmediatamente anterior a la sufrida en los últimos años) y el crecimiento espectacular que sobrevino al terminar, también alcanzó a las cofradías, lo que derivó en una enorme inversión patrimonial, mayor atractivo social y el boom referido.

Ahora nos enfrentamos a una situación similar. Una fuerza que incluye un movimiento claramente anticlerical y laicista (no confundir con laico ni con laika), una corriente que potencialmente supone un riesgo para el status quo de nuestras cofradías se presenta como alternativa real de gobierno según las encuestas y los que formamos parte de este universo cofrade tenemos la obligación de decidir y de defender aquello de lo que formamos parte. No digo que todo lo que Podemos representa suponga necesariamente una amenaza para las Cofradías, pero sí muchos miembros de las organizaciones presuntamente sociales en las que se apoya y de las que se nutre. Sólo hay que echar un vistazo a las lindezas contra la iglesia y las hermandades que algunos de estos personajes escriben en sus panfletos, físicos o virtuales. Repito, contra la iglesia, que no nos vendan la burra. Cuando insultan a la iglesia no predican contra una minoría en forma de jerarquía eclesiástica, sino contra todos los cristianos, porque todos somos iglesia, en ocasiones riéndose de nuestras creencias y en otras directamente insinuando que son nocivas y habría que erradicarlas. Desde la suya o la mía con nuestra humilde existencia hasta la de personas de la talla de Teresa de Calcuta o Vicente Ferrer, héroes que desde su militancia como miembros de la iglesia han hecho por la sociedad mucho más de lo que estos "defensores de las clases más desfavorecidas" harán en su puñetera vida. Cuando los que se esconden bajo la figura de Prometeo (en la mitología griega, el Titán amigo de los mortales, venerado por robar el fuego de los dioses) demuestren la misma sensibilidad social que la demostrada todos los días del año por entidades como Cáritas, entonces podrán hablarle a la iglesia de tú a tú, en vez de manipular datos o directamente mentir con su demagógico discurso rancio.

Hasta el pasado viernes es posible que muchos de ustedes creyesen que mis palabras eran exageradas. Después de los repugnantes sucesos que hemos presenciado en Palma del Río, lamentablemente no lo parecen tanto. Ayer mismo, esa patulea que se autodenomina Córdoba Laica, algunos de cuyos miembros perfectamente podrían adjetivarse como antidemócratas, totalitarios o fascistas porque pretenden hacer valer unos supuestos derechos a costa de aplastar los de los que no piensan como ellos, perpetró otro acto de esos que tanto gustan en ciertos sectores de la sociedad en la que nos ha tocado vivir y que generan rechazo cuando no violencia contra todo lo que huela a incienso, sea ese su objetivo o no. No estoy diciendo que sean estos discursos los que han provocado el fuego del viernes, ni los que podrán venir, pero que alimentan cierta animadversión y determinado caldo de cultivo es innegable, por acción o por omisión.

En este momento social, cada uno de nosotros tendrá que valorar si es más importante castigar a un gobierno que nos ha mentido, o a un ayuntamiento que no nos ha defendido, o ponernos una pinza en la nariz y nuestro granito de arena para impedir que nos dirijan aquellos que quieren acabar con el concierto para los colegios religiosos, coartando nuestra libertad como padres para decidir la educación de nuestros hijos, impedir la participación de poderes públicos en cualquier evento religioso, instaurar un cuasi aborto libre o directamente acabar con la Semana Santa tal y como la conocemos, como gran parte de los electores que defiende abiertamente esta nueva fe verdadera ha manifestado en voz más o menos alta.

Valorar si vamos a ser cómplices de que los que llaman casta y ladrones a sus rivales mientras presuntamente cobran en B o dinero público por la cara, ataquen nuestras creencias y nuestras libertades sin levantar la voz donde hay que hacerlo, en las urnas. Que nadie se engañe, algunos de estos predicadores o muchos de quienes les apoyan quieren gobernar para unos frente a otros y los cristianos, los cofrades, estamos en el segundo grupo. Invocan el miedo al decir que va a cambiar de bando, sin pudor alguno, y es nuestra obligación no digo impedirlo pero sí al menos valorar si debemos hacerlo. A mí, tras lo ocurrido en Palma del Río, me da miedo lo que pueda pasar con nuestras hermandades, ¿y a ustedes?. El silencio nos hará cómplices de lo que ocurra en los próximos meses. El momento que nos ha tocado vivir es crítico, porque en esta ocasión no se trata de matices, sino de que gobierne lo malo conocido o que triunfe una revolución por conocer, aquellos que con tibieza o desacierto, e incluso con más engaños de los deseables sabemos que nos permiten vivir nuestras creencias y sacar nuestras cofradías a la calle o aquellos que defienden abiertamente dictaduras como la cubana o la iraní o pseudodemocracias como la venezolana, regímenes en los que la libertad en general y la religiosa en particular, brillan por su ausencia. ¿Permitirían estos la presencia militar en nuestros cortejos? ¿O salidas extraordinarias con semejante frecuencia? ¿O simplemente Rosarios de la Aurora? ¿Desaparecerían las subvenciones para nuestras cofradías? ¿Permitirían las cruces de mayo cofrades? Si las bandas locales lo han tenido regular con este gobierno, ¿imaginan lo que podría ocurrir con uno de signo contrario… o enemigo? Pregúntense estas y muchas otras cuestiones, para las que yo tengo absolutamente clara la respuesta. Sí, ya se que muchos de ustedes estarían encantados de que algunas de estas cosas desapareciesen, puede que incluso yo mismo prefiera que alguna de ellas dejasen de ocurrir, pero una cosa es que los cofrades en el ejercicio de nuestra libertad así lo queramos y otra muy distinta es que se derive de una imposición de un gobierno abiertamente hostil o de algunos de sus votantes.

Habrá quien me acuse de demagogo, no me cabe la menor duda. Algo así debieron decir muchos vecinos de la Sevilla Roja en 1931 cuando unos pocos alertaban de lo que se avecinaba. Sólo hay que tener un poquito de memoria histórica, que no histérica, para comprobar el grado de demagogia de aquellas advertencias. Ha llegado el momento de decidir. El inefable Zapatero, origen de todo esto, ha logrado hacer realidad el mito de las dos Españas. Empecemos todos a hablar claro. Nuestras cosas están en juego, tengámoslo presente y decidamos en libertad, esa que algunos nos quieren negar.


Guillermo Rodríguez












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