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martes, 10 de noviembre de 2015

Enfoque: La patria final de las cofradías


Blas Jesús Muñoz. Apenas era un niño cuando me pregunté por qué no iban todas las cofradías a la Catedral en Semana Santa. No supe la respuesta y pocos supieron contestarme. Pasaron los años y, la primera vez, la misma que sobre mi cuello llevaba una ínfima parte del peso de la Virgen del Desconsuelo, comprendí que ese era el sitio donde cada hermandad debía estar, su casa.

Viví entonces los años en que, en esa cuesta arriba, se escucha el crujir de las sillas cerrándose a nuestro paso y con más fuerza percibí que las Tendillas me sobraban, que el templo de Claudio (el mismo nombre que inspira cada cáliz porque él fundó la ciudad donde respiro y que amo hasta el extremo) estaba para otras cosas.

Aun recuerdo los años en que luchamos por esa puerta y nunca me cansaré de admirar el tesón y la determinación de quien era entonces Presidente para conseguirlo. Tampoco quitó méritos al actual. Todo lo contrario ha conseguido que las cofradías al fin caminen de la mano hacia su patria final. Y como Israel, haber caminado este desierto nos ha de servir para apreciar el momento, paladearlo y ser conscientes de que somos capaces de conseguir cualquier meta unidos.

La noche de este 10 de noviembre de 2015, Córdoba y sus hermandades han rubricado un momento histórico que, pese a provenir en cierto modo de una situación convulsa, debemos aprovecharlo para cuidarlo, mimarlo y legarlo a quienes nos sucederán. Espero con todas mis fuerzas no despertar de este sueño y que, dentro de veinte años, Marcos no conozca otra cosa que la Catedral. Será señal de que, pese a los reveses, algo hemos aprendido.











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