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lunes, 5 de mayo de 2014

La Saeta sube al Cielo: Madre


“Si ociosa no asistió naturaleza, 
admirada, a la tuya, ¡oh gran Señora!, 
concepción limpia, donde ciega ignora 
lo que muda admiró de tu pureza. 

Díganlo, ¡oh Virgen!, la mayor belleza 
del día cuya luz tu manto dora, 
la que calza nocturna brilladora, 
los que ciñen carbunclos tu cabeza. 

Pura la Iglesia ya, pura te llama 
la escuela, y todo pío afecto sabio 
cultas en tu favor da plumas bellas. 

¿Qué mucho, pues, si aun hoy sellado el labio, 
si la naturaleza aun hoy te aclama 
Virgen pura, si el Sol, Luna y estrellas...?

Luis de Góngora y Argote.”

Ya pasó el crudo invierno, las intransigentes heladas y las secas nieves para darnos paso a la explosión floral, los verdes pastos y aún todavía, algunas rezagadas lluvias primaverales.


El júbilo de estos días, que cada vez son más largos y atemperados, son cada vez más notables entre los habitantes del hemisferio norte. Sin duda alguna, si debe haber un mes en el año que nos transmita alboroto, ese es Mayo.

¿Y qué mejor mes que éste, lleno de plena alegría y hermoso hasta arrebatarnos el sentido, para hacer promesa a Nuestra Madre? Vaya acierto… Mayo, el mes de la divinidad, el mes de la Virgen María.

Seguro que saldrán los típicos que van en contra de todo “porque sí” y arremeterán contra este hecho diciendo que históricamente los antiguos griegos ya proclamaban el mes de Mayo como el mes dedicado a las diosas de la fertilidad, y que esto precisamente es bastante contradictorio a las creencias cristianas, que nuestra festividad tendría origen pagano, y un larguísimo etcétera, al cual, por desgracia, ya estamos acostumbrados.

No voy a entrar (de momento) en este tema de si nosotros lo católicos acostumbramos a “cristianizar” festividades paganas. Pero sea por lo que sea, Mayo es el mes de la Madre de Dios, y punto.

Por eso, es el momento idóneo para meditar sobre los misterios y dogmas de la vida de María. Honremos sus virtudes con una devoción real cada día. 

Ya lo decía San Josemaría Escrivá de Balaguer: “acercarse al amor de María en el mes de Mayo.”  Y es que no hay nada más entrañable que una madre. Qué bonito es quererla, tratarla con naturalidad, ya no solo como mediadora con su Hijo, sino como madre de cada uno de nosotros.

Dios te salve, María.

Estela García Núñez











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