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lunes, 31 de diciembre de 2012

La tentación


Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara. Y dijo al hombre: Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas (...) La serpiente (...) el animal más astuto de cuantos (...) había creado dijo a la mujer: ¿Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín? La mujer contestó: (...) Podemos comer de todos los árboles del jardín; excepto del árbol que está en medio (...) La serpiente replicó: (...) Dios sabe que, en cuanto comáis de él, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, versados del bien y del mal. (...) La mujer (...) tomó fruta del árbol, comió y se la ofreció a su marido, que comió con ella. Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos; (...) Dios preguntó al hombre (...) ¿quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol prohibido? El hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio el fruto y comí. El Señor Dios dijo a la mujer: ¿Qué has hecho? Ella respondió: La serpiente me engañó y comí. (...) Y el Señor Dios los expulsó del jardín del Edén, para que labrasen la tierra (,,,). (Génesis 2 ; 15 - 3)



Dios los puso en el Edén,
en la tierra prometida,
pero Adán y su mujer
tomaron frutas prohibidas.

El mundo entero hablaba la misma lengua (...) Y dijo el hombre: Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, (...). El Señor (...) se dijo: Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de sus empresas, nada de lo que se propongan les resultará imposible. Vamos a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda al prójimo. El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron de construir la ciudad. (...) (Génesis 11; 1-9)

Al Cielo quiso acceder
el hombre en su prepotencia,
confusión hubo en Babel.
castigó Yahvé su ofensa.

Dijo el Señor: La denuncia contra Sodoma y Gomorra es seria y su pecado es gravísimo. Voy a bajar para averiguar si sus acciones responden realmente a la denuncia. (...) Abrahám se acercó y dijo: ¿ (...) vas a destruir al inocente con el culpable? (...) El Señor respondió: Si encuentro en la ciudad de Sodoma diez inocentes, perdonaré a toda la ciudad (...). Dos ángeles llegaron a Sodoma (...). Lot, que estaba sentado a la puerta de la ciudad, al verlos se levantó a recibirlos y se postró (...) Y dijo: (...) pasad a hospedaros a casa de vuestro siervo. (...) Los hombres de la ciudad rodearon la casa: jóvenes y viejos, toda la población hasta el último. Y le gritaban a Lot: ¿Dónde están los hombres que han entrado en tu casa esta noche? Sácalos para que abusemos de ellos. Lot se asomó a la entrada, cerrando la puerta al salir, y les dijo: Hermanos míos, no seáis malvados. (…) Contestaron: Quítate de ahí; este individuo ha venido como inmigrante y ahora pretende ser juez. Ahora te trataremos a ti peor que a ellos. (…) Los visitantes alargaron el brazo, metieron a Lot en casa y cerraron la puerta. Y a los que estaban a la puerta, pequeños y grandes, los cegaron, (…) Al amanecer, los ángeles sacaron a Lot (…), a su mujer y a las dos hijas, (…) fuera de la ciudad. Una vez fuera, le dijeron: Ponte a salvo; no mires atrás. (…) El Señor desde el Cielo hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. (…) La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal. (Génesis 18, 20-33; 19, 1-29)

Por ser pueblo pecador
condenó Dios a Sodoma;
salvó solamente a Lot
porque él respetó su Gloria.

(…) Se enamoró Sansón de (…) Dalila. Los príncipes filisteos fueron a visitarla y le dijeron: Sedúcelo y averigua en qué se basa su gran fuerza y cómo nos apoderaríamos de él para sujetarlo y domarlo. Te daremos cada uno mil cien monedas de plata. Dalila le dijo a Sansón: dime el secreto de tu gran fuerza y cómo se te podría sujetar y domar. Sansón le respondió: (…) Si me corto el pelo perderé la fuerza. (…) Dalila dejó que Sansón se durmiera en sus rodillas, y entonces llamó a un hombre, que cortó los siete mechones de su cabeza, y Sansón empezó a debilitarse, su fuerza desapareció. Dalila gritó: ¡Sansón, los filisteos contra ti! (…) Los filisteos lo agarraron, le cegaron (…); lo ataron con cadenas y lo tenían moliendo grano en la cárcel. Pero el pelo de la cabeza le empezó a crecer (…). Los príncipes filisteos se reunieron para tener un gran banquete en honor de su dios (…). Cantaban: Nuestro dios nos ha entregado a Sansón, nuestro enemigo; (…) dijeron: Sacad a Sansón, que nos divierta. (…) lo plantaron entre las columnas. Sansón rogó al lazarillo: Déjame tocar las columnas que sostienen el edificio para apoyarme en ellas. (…) Entonces él gritó (...): ¡Señor, acuérdate de mí! Dame la fuerza al menos esta vez; (…) Palpó las dos columnas centrales, apoyó las manos contra ellas, (…) abrió los brazos con fuerza, y el edificio se derrumbó sobre los príncipes y sobre la gente que estaba allí. (…) (Jueces 16)

Dalila engañó a Sansón,
lo entregó a los filisteos,
fue víctima del amor,
pagó su pasión con fuego.


Ayúdanos, Padre Mío. Entréganos tu mano amiga para impedirnos sucumbir en las redes del odio, la soberbia, la venganza, el ansia de poder... libera nuestro quehacer cotidiano de las garras de la vileza... para que triunfe siempre la Eternidad de tu Luz sobre la muerte y la lejanía...

La tentación
acecha tras la esquina
y al corazón
confunde con mentiras...
¡Libéranos!


Guillermo Rodríguez



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