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sábado, 31 de octubre de 2015

El Císter modificará sustancialmente la fisonomía de su paso de palio


Guillermo Rodríguez. Muchos son los sentimientos que despierta la palabra Císter en quienes nacimos para las cofradías entre los muros del convento de Capuchinos de Córdoba. Emociones indisolubles al nombre de Ricardo Olmo para sus conocidos, Fray Ricardo de Córdoba para el común de los mortales y Ricardo, a secas para los que aprendimos a quererle como es, como artista integral y como persona, como creador de la innegable evolución patrimonial experimentada por la Semana Santa de Córdoba en el último cuarto del siglo XX, imposible si su figura no hubiese emergido con inusitada fuerza a orillas del Cristo de los Faroles. 

Vestidor, diseñador, poeta... un artista multidisciplinar de cuya mano llegaron a Córdoba imágenes marianas y cristíferas y cuya impronta marcó para siempre la idiosincrasia de prácticamente todas las hermandades de la ciudad de San Rafael, de una manera u otra. Sin embargo, si tuviésemos que acentuar su incuestionable influencia, lo haríamos centrando nuestro objetivo en una hermandad cuya esencia de principio a fin emana de su creatividad, la hermandad del Císter para los que nos criamos junto al Bailío o de la Sangre para las generaciones ulteriores. 

Este domingo, Día de Todos los Santos, será un día marcado en rojo en el calendario de los hermanos de la corporación del Martes Santo, una hermandad que celebra su XXXIX año de historia, que estuvo situada a la vanguardia patrimonial en sus pujantes inicios, en los que se convirtió en incuestionable referencia para muchas cofradías cordobesas ancladas en una preocupante mediocridad a principios de los ochenta y que en los últimos años parecía recuperarse con mayor dificultad de la deseable de su triste marcha del convento que la vio nacer, mas allá de aquellos primeros pasos entre las paredes del colegio de la Salle.

Este domingo, y tras culminar con evidente éxito, a falta del dorado de los respiraderos, el espectacular trono itinerante del impresionante Jesús de la Sangre, la junta de gobierno de la hermandad presentará a sus hermanos, reunidos en un especialísimo cabildo que se celebrará tras el rosario de la aurora de la Reina de los Ángeles, la bellísima perla de Álvarez Duarte, el diseño de los nuevos respiraderos para el paso de palio de la cofradía, que emanan, como no podría ser de otro modo de la creatividad de Fray Ricardo de Córdoba y que serán una simbiosis de piezas de orfebrería que se realizarán en los Talleres Villarreal, como el resto de la orfebrería del paso y con partes bordadas que, según fuentes consultadas por GdP, reutilizarán unos bordados aportados por el genial capuchino hace décadas y aportaciones del bordador cordobés Antonio Villar que rematará la pieza para convertirla en única y singular. 

Unos respiraderos cuyo estreno de la primera fase, el respiradero frontal, está prevista para el próximo Martes Santo, que se convertirán por derecho propio en una de los imágenes más esperadas de la próxima luna de Nisan y que suponen el origen de la culminación del sueño de terminar el paso de palio de la Reina de los Ángeles, que tendrá su lógico epílogo con el techo de palio y las bambalinas cuyo diseño, a punto de ver la luz, está siendo ultimado con vistas a su conversión en realidad a medio plazo, una materialización que algunas voces sitúan en 2017.

Este domingo, el pasado y el presente se reúnen entre los muros del convento del Santo Ángel para configurar el futuro inmediato de una de las hermandades que gozan de uno de los sellos más característicos de nuestra realidad cofrade desde su nacimiento. Un futuro que la Córdoba Cofrade espera con ansiedad y que por fin parece hallarse al alcance de la mano.












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