Juan 2, 13-25. Se
acercaba la Pascua
de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los
vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.
Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y
los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo
a los que vendían palomas: Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de
mercado.....
El que de fe da lecciones
mientras nada en la
arrogancia,
pierde en el ego razones,
en la envidia y la
ignorancia,
crucifica devociones
pastoreando venganzas.
Hay quien va de presidencia
por unas cuantas monedas
y quien tiene la indecencia
de ir con el ‘yo’ por
bandera
o que utiliza la iglesia
para encontrar un mecenas.
Hay quien viste de mantilla
presumiendo entre la gente
y quien integra cuadrillas
para no ir contra corriente
o que blasfema en tu orilla
con mentiras penitentes.
Muchos reparten abrazos
y ofrecen sabiduría
con el costal bajo el brazo
o vara de orfebrería
y rompen en mil pedazos
la palabra cofradía.
Con el látigo en la mano
del templo, los mercaderes
fueron por Cristo expulsados...
arranca Padre el cáncer
que hiere