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lunes, 18 de noviembre de 2013

Hágase lo imposible

Porque para Dios no hay nada imposible. El versículo de San Lucas no se leyó en la Catedral, aunque sí se les vino a la cabeza a los que escucharon el Evangelio, porque hablaba de la visita de la Virgen María, aquella a la que tanto cantaron ayer, a su prima Isabel, embarazada cuando la pensaban estéril porque para Dios no hay nada imposible.

En nombre de aquella Niña de Nazaret que sostenía en brazos la salvación, los imposibles se cumplieron con impuntual naturalidad, sin faltar ni uno solo, y la ciudad de asfalto y de casas se convirtió en camino de peregrinación y cantó a la Virgen del Rocío en las vivas de cinco acentos distintos. Una multitud se apiñó en las calles, a ratos curiosa, otras devota y otras entusiasmada, pero en cualquier caso agradecida de que el imposible se les hubiese aparecido delante la sucesión de los simpecados y cortejos de Priego, Puente Genil, Cabra, Lucena y Córdoba, arropada por los entusiasmados hermanos de Almonte. Más de 50.000 personas, según el Ayuntamiento, disfrutaron del insólito e irrepetible Rocío de la Fe.

El corazón de Córdoba asumió como suya la universal devoción y por esos milagros que consigue la religiosidad popular de vez en cuando, lo que andaba por campo abierto se acomodó a las calles estrechas, lo rural a lo urbano y lo que nació en Huelva echó flores en Córdoba. Nada es imposible.


Porque para Dios, y para la Virgen María que intercede por los hombres, no hay nada imposible, el simpecado de la Hermandad Matriz cruzó las fronteras de Almonte y se hospedó en San Pablo y poco antes de las cinco de la tarde, ya con retraso sobre el horario previsto, cruzó la portada engalanada y se puso en la calle, parejo con la insignia de la hermandad de Córdoba. Un nutrido cortejo de hermanos le antecedía y un entusiasmo sin precedentes, entre los tamboriles y los flautines rocieros, aclamaba la llegada del simpecado que cuenta dónde nació esta historia de devoción que ahora cose toda Andalucía.

Un rato antes, las otras cuatro hermandades iban poniéndose en la calle, con unos cortejos que en las primeras horas estuvo formado por trajes de calle, oscuros casi siempre. No hay nada imposible, pero quizá meter al Rocío en el molde estrecho de unos horarios era pedir demasiado. Por eso se consiguió el orden, pero la Virgen que inspira cada año a los almonteños el momento preciso y nunca escrito para saltar la reja no iba a permitir a nadie estar mirando el reloj más de la cuenta. Los simpecados entraron en el Patio de los Naranjos por la Puerta de Santa Catalina, al son de los cantos de sevillanas, y a las 17.15 comenzó la misa con las sevillanas «Pentecostés en otoño» en la voz del coro Los Peregrinos de Puente Genil. Al término se entregó a la filial cordobesa la reliquia de Juan Pablo II, el Papa rociero, que rezó ante la Virgen.

Porque para Dios y para la Virgen a la que invocaba no hay nada imposible, la fiesta rural de encuentro con la naturaleza y caminos por el campo se insertaba en la ciudad y al salir de la Catedral los simpecados subían a las carretas, y las mulas y bueyes tenían que acostumbrarse al asfalto. Unas sevillanas cuando el de Lucena se entronizaba. Y otra más bien. «Qué bien me sabe tu nombre». En el Rocío el cante no es sólo cuestión de los coros, porque con un par de voces se hacía una ofrenda. Al subir el de Córdoba, lágrimas y una salve, y empezaba el camino. Vivas, vivas y vivas. El que ayer hicieron los cinco simpecados era un camino insólito y no terminaba en la Virgen del Rocío, pero no por eso le pusieron menos fe, presente toda la tarde en el nombre y en las palabras que le dirigió el obispo. En el cortejo de Córdoba estaban las hermandades que había amadrinado; en el de Cabra, el estandarte de la Virgen de la Sierra, en el de Lucena, el de Araceli, siempre la Virgen María de protagonista. Ya estaban listos los trajes de flamenca y los sombreros cordobeses, como cualquier primavera.

Evitando el frío

Porque para Dios no hay nada imposible el largo cortejo de caballistas, no menos de 200, pasó por las calles sin apenas problemas y la luz de las tulipas y las velas, acostumbrada a la oscuridad del campo, se abrió paso por Torrijos y Amador de los Ríos, por la Trinidad y por Gondomar, donde era ya una multitud lo que esperaba. Nada es imposible, ni siquiera que los trajes que tienen que servir en la baja primavera se pudiesen poner en el día más frío de este otoño, con siete grados y bajando. Los mantos, puestos como poncho encima de los trajes de flamenca, consolaban allí donde no bastaba el mucho calor humano.

El retraso era de un par de horas. El simpecado almonteño llegó entre bengalas y aplausos, en una estampa para la historia. El presidente de la Hermandad Matriz dio las gracias por un día, dijo, que no olvidarán nunca y el obispo dio un «recado» para la Blanca Paloma. «Decidle lo mucho que la queremos en Córdoba», concluyó. De allí, al filo de la medianoche a los jardines de Miraflores, donde se inauguró el monumento, y luego, tras este camino, la pará en el Alcázar, la diversión tras haber cumplido el deber de rezar y llevar el nombre de la Virgen allí donde parecía imposible antes de que Ella lo consiguiera.

Escrito por Luís Miranda para ABC Córdoba


Altares en las calles de una Córdoba mariana

Por el camino no había campos, ni pinares, ni marismas, ni amapolas ni un río en el que bautizarse de rociero, pero nadie podría decir que a la jornada le faltaron detalles. No fue un camino por etapas porque no terminó en la Blanca Paloma, pero el camino que emprendieron los simpecados rocieros por Córdoba estuvo lleno de paradas y de estaciones, que no se volverán a repetir por lo excepcional de la cita, pero que para la memoria de los rocieros y de los cofrades permanecerán siempre asociados. Allí pusieron sus simpecados y sus estandartes marianos y allí se rezó a la Virgen en todas sus advocaciones.

Las Penas colocó su simpecado de plata entre los faroles del paso de palio, las Angustias aportó su estandarte del siglo XVIII, en forma de M, con los angelitos pasionistas recién restaurados, en una relación donde también estuvieron la Sentencia (con el simpecado que se tuvo que haber estrenado el Lunes Santo pasado), la Entrada Triunfal, la Paz, la Expiración, la Estrella con su valioso estandarte y el Huerto, entre otras muchas.





Recordatorio #RociodelaFe









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