menu

LO ÚLTIMO

 

lunes, 31 de marzo de 2014

La Saeta sube al Cielo: El Legado de Jesús de Nazaret


Numerosas son las historias que nos cuentan como los Caballeros Templarios fueron durante siglos los grandes custodios de la mayor reliquia de la cristiandad, el cáliz que Cristo utilizó en la última cena, el cáliz de la sangre de la alianza nueva y eterna. Años y años siendo su paradero uno de los grandes enigmas históricos, envuelto en infinitas fábulas y resulta que lo más probable es que lo tengamos nosotros en una iglesia de León.

Y la noticia, por supuesto, viene dada de la mano del escepticismo. Se especula que hay como doscientos posibles “santos griales” repartidos por toda Europa y que éste no iba a ser el bueno. Que cómo podía ser que Jesucristo, un hombre humilde que se rodeaba de los más pobres, ofreciese su sangre en tan ostentoso vaso. Que cómo puede llegar a nuestros días en perfectas condiciones un objeto tan frágil con dos mil años de periplo.

Yo, por vocación, comulgo bastante con la ciencia, y personalmente ante estos casos de duda cuando la historia (que me apasiona) no parece ser lo suficientemente resolutiva, me gusta pedirle ayuda. Pero por desgracia la ciencia en muchas ocasiones no es la solución. La prueba de moda, la del C14, no es aplicable a nuestro Santo Grial ya que solo es efectiva en restos orgánicos.


Trasladémonos ahora al caso del Sudario de Turín, la Sábana Santa, el sudario con el que nuestro Señor Jesucristo fue envuelto tras ser bajado muerto de la cruz. Son numerosas las pruebas concluyentes, históricas, físicas y químicas, que arrojan luz a este maravilloso enigma dándolo por verdadero. Sin embargo la prueba del C14 realizada sobre una pequeña muestra de la tela de lino sólo proporciona datos contradictorios al resto de las pruebas y estudios realizados. Y ya por eso el sudario es falso. ¿No podría tratarse únicamente de un error en dicha prueba?, ¿qué ocurre con el resto de las pruebas que dan testimonios fehacientes? Nada, la gente es conformista y se queda con eso.

¿Entonces ya está?,  ¿nos quedaremos con la duda para el resto de nuestros días? Y yo digo que no, que no todo depende de las referencias históricas y los laboratorios. Aquí, como en todo, manda la fe y las ganas que tenga cada uno de creer o no creer. Y yo creo plenamente que en el caso del sudario, la religión y la ciencia moderna se complementan de una manera asombrosa e intrigante para dejarnos un legado único, no sólo a los cristianos, también a los amantes de Jesús como figura histórica. (A título personal: existen muchos documentales sobre este tema que, si no han tenido oportunidad de ver, recomiendo totalmente).

Nuestro cáliz tendrá que esperar, bien a que se le estudie un poquito más o bien a que los más escépticos dejen de serlo tanto. Mientras tanto es inmensamente genial pensar que el vaso donde nuestro Dios bebió por última vez antes de morir y que lleva dos mil años perdido, podría estar aquí, cerquita de nosotros. Pero no hay nada más grande que darse cuenta que el mejor de los legados que nos dejó Jesús de Nazaret fue el poder de la fe.

Estela García Núñez












Hoy en GdP


Buscar en Gente de Paz




WWW Gente de Paz