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jueves, 25 de diciembre de 2014

Lo que nos dejó 2014; lo que nos traerá 2015. Parte IV: Deriva institucional


Blas Jesús Muñoz. Intenso año el que nos deja en el ámbito institucional y en general no precisamente en positivo. ¿Y lo que ha de venir?, ¿superará lo vivido?


2014

No es el solo patrimonio del año que se extingue, sino que la deriva institucional en que se hallan inmersas las cofradías viene a ser una tendencia que ha marcado el devenir de los últimos años. Procesos electorales opacos, ausencia o sobreproducción de candidaturas, auditorías o decisiones que recuerdan a los Reales Decretos del consejo de ministros han convertido la labor natural de algunas hermandades en política de perfil bajo.

Esto último siguió abundando en el año que termina. Cofrades de perfil bajo dirigiendo los designios de cofradías históricas o, en su caso, jóvenes a la par que prósperas. La media del mandatario actual no es sino reflejo de cuanto sucede en una sociedad mortecina en que se abandera el "todo vale", toda vez que, como el nivel dentro y fuera suele ser bajo, las ocurrencias y/o las argucias encuentran un campo totalmente abonado.

Por otro lado, 2014 trajo consigo numerosos procesos electorales. En algunos, la situación se desarrolló con absoluta normalidad: convocatoria de elecciones, una candidatura, votación y proclamación (Pasión, Penas de Santiago, Vera Cruz o Descendimiento, por ejemplo). En otros, la convocatoria no trajo consigo candidatura (Rescatado o Expiración) y la prórroga ha dejado un impasse de espera que aun persiste. Tanto en Estrella como en el Huerto hubo que esperar a la segunda convocatoria para que se presentara el candidato. Finalmente, en el Calvario se produjo el caso contrario, concurrieron dos candidatos y, en el proceso, se debieron producir sombras variadas que llevaron a una de las partes a impugnar ante el Obispado la situación.


2015

No parece lo más probable que 2015 traiga consigo una ley, o un artículo tipo incluido en las reglas de las diversas hermandades, de transparencia. No podemos afirmar con rotundidad que sea necesario, si bien, no es menos cierto, que durante los últimos años las sombras han sido muchas en torno a los cabildos de elecciones y los pasos pocos o prácticamente nulos.

Existe un concepto extendido entre el cofrade de a pie. Cualquiera puede dar de alta a hermanos a conveniencia. Es sin duda un pensamiento peligroso puesto que demuestra la desconfianza en la claridad de lo que sucede en el interior de alguna que otra casa de hermandad. Y ese síntoma, con normas, no se cura. Quizá, ayude a paliarlo, mas para eso se hace necesario que las autoridades pertinentes, diocesanas concretamente, decidan tomar cartas en el asunto en profundidad y no como hasta ahora, donde otra sensación extendida es que, si no haces ruido y te portas bien, nadie te va a escuchar.

2015 ha de traer la conclusión a los procesos electorales abiertos y sin candidato a la vista. Traerá alguno nuevo y, esperemos, nos quite el regusto amargo de la sospecha de trapicheos varios en asociaciones cristianas que, aunque la terminología se nos antoje cotidiana, es mucho lo que representa y sin nuestra fuerza moral (perdida y entregada), no somos nada.











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