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miércoles, 20 de enero de 2016

José Luis Ochoa y Javier Romero en una imagen para el recuerdo


Blas Jesús Muñoz. Son contadas las imágenes que nos transportan en el tiempo y nos conducen a un modelo de ciudad, de cofradías y de capataces tan diferente como necesario para comprender nuestro presente, en este caso, a través de dos capataces que determinaron el momento en que les tocó ejercer como tales.

José Luis Ochoa y Javier Romero marcaron un estilo propio, por medio de una forma de mandar los pasos tan característica como personal. Dando cuenta de un porte definido, por ejemplo, a la hora de situarse delante de los pasos, haciendo de su estar una liturgia ceremonial que define a la perfección el oficio de capataz.

Javier ha gobernado prácticamente una veintena de cuadrillas, mientras que José Luis se erigió en la imagen definitoria del hombre que guió durante años el caminar del grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias, entre otros pasos. Dos hombres que significaban el presente y futuro cuando quedaba recogida esa instantánea a mediados de los años noventa.

Dos formas de situarse ante el costalero que concluirán en el aprendizaje, el respeto y la sabiduría pretérita que atesoran los hombres que dirigen a otros hombres. Un recuerdo de otra ciudad y otras cuadrillas que ocupan, por mérito propio, su lugar en la historia.




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