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miércoles, 18 de enero de 2017

La otra Niña de Cerrillo


Carlos Gómez. Si existe un imaginero cuya influencia determinó de manera incuestionable y decisiva la Córdoba Cofrade de posguerra es Juan Martínez Cerrillo. Un artista de cuya gubia nacieron buena parte de las imágenes devocionales que dieron sentido a las ansias de cofradías que experimentó aquella ciudad del obispo Adolfo Pérez Muñoz cuando llego a su ocaso la guerra fratricida que asoló los cuatro puntos cardinales de España.

Como un elemento más, que pretendió servir de nexo de unión entre quienes formaron parte de aquella generación de españoles, la Semana Santa se erigió en eje vertebrador de una sociedad que, en medio de las múltiples vicisitudes y carencias que le tocó sufrir, logro hallar en esta forma tan particular de vivir la religiosidad popular, que sólo se comprende en este pequeño rincón del universo, acaso una forma de llenar el vacío que el odio y la desolación se habían encargado de alimentar.

Hombres como Juan Martínez Cerrillo, se encargaron de enarbolar y materializar esa devoción latente que fue germinando, casi sin pretenderlo, en distintos rincones de nuestra idiosincrasia, en forma de imágenes marianas y representaciones del Hijo de Dios, en torno a las cuales se fundaron decenas de Cofradías. Paz, Esperanza, Sentencia, Piedad... fueron algunas de esas joyas incalculables, auténticas semillas, que la gubia del inolvidable Cerrillo fue sembrando para que germinasen en una tierra que, en virtud de su creatividad, cambio para siempre.

Pero más allá de las imágenes más conocidas del humilde artista de Bujalance, existe en un rincón de la ciudad de San Rafael una imagen de la Madre de Dios que probablemente sea la menos conocida de cuantas nacieron de sus manos. Una virgen en torno a la cual comenzó a forjarse un sueño de hermandad, que poco a poco y en virtud del esfuerzo colectivo de unos cofrades con mayúsculas, ha ido cuajando con paso firme en el corazón de uno de los barrios obreros por excelencia de Córdoba, allá en Poniente, en la barriada de Electromecánicas.

Allí se venera a María Santísima de Salud y Consuelo, "una dolorosa de tamaño natural, de candelero y con articulaciones en los brazos, realizada en madera de pino sobre una mascarilla antigua que en 1979, el imaginero cordobés reconstruyó a base de gruesas capas de estuco y tela encolada, haciendo por tanto suya la imagen, en su última etapa creativa". Una imagen que tal día como hoy, 18 de enero, fue bendecida y que también vino a pastorear a orillas del Guadalquivir, porque Juan Martínez Cerrillo así lo quiso. Otra de las Niñas de Cerrillo, puede que la menos conocida, pero igual de importante, que tal vez algún día veamos avanzar camino de la Santa Iglesia Catedral tras el Santísimo Cristo de la Conversión, cumpliendo el sueño de sus hijos.



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