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sábado, 26 de octubre de 2013

La Romería de la Real Hermandad del Rocío de Canarias en Teror (Gran Canaria)

Turistas, isleños y andaluces disfrutaron de la romería del Rocío, una cita con un cuarto de siglo.

La Real Hermandad del Rocío de Canarias montó el domingo pasado en la villa de Teror "una de mar y morena" con miles de visitantes que acudieron para disfrutar de la tradicional romería del Rocío, en un acto que convocó a isleños, un más que nutrido grupo de oriundos de Andalucía y una no menos respetable tonga de turistas.

Como Mark Harvest, de Manchester, Reino Unido, -cholas, calcetines y tono gamba bermejo-, que le daba a la máquina de sacar fotos entre volantes de faralaes para captar las imágenes más "typical Spanish" con las que se había encontrado en su algo larga vida.

Un punto pasado el mediodía era cuando arramblaban por la calle Real abajo 32 monturas de puntería, muchas de ellas procedentes de cuadras de la propia villa, junto con la gran yunta con la imagen de la Virgen rociera. Ello bajo la atenta mirada y maniobra de Juan José Ortiz Ruiz, alcalde de carreta, y quién haciendo memoria se remonta a unos 25 años desde que se celebrara la primera cita con la Virgen del Pino, en un encuentro que según apuntaba su compadre Manuel Salas, de Valverde del Camino, Huelva, es el más lejano que se celebra de Andalucía. Salas, que aseguraba que lleva en Canarias "más años que la orilla del mar", reforzaba el lazo entre canarios y su gente cantando "sevillanas con compases de folia", lo que animaba a Ortiz a lanzarse por soleares: "Desde Canarias al Rocío, vienen sirenas de plata, luciendo su tez morena y lunares en la bata".


Pero la fiesta no se producía en ese escuálido metro cuadrado. Dentro de la basílica, la misa rociera le otorgaba color a la eucaristía, y fuera, junto a la Cruz Verde de la propia plaza, o al lado, en el parque Teresa de Bolívar, se formaban tenderetes de cante y baile entre los bustos del libertador y del cronista Néstor Álamo, jaleo que ofrecía al aún entonces despejado día un aire de mucho acontecimiento, y que constataba que el rociero es raza de aguante. No en balde la comitiva había empezado el trajín a las nueve de la mañana del sábado, con la misa rociera en el cuartel de la Aviación, entre otros actos, para pasar la noche y madrugada del domingo acampados en Osorio entre castañuelas, piscos, tapas, "y rezos y plegarias", puntualiza Ortiz.















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