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martes, 25 de febrero de 2014

La Pasión según Turina

Las hermandades de La Hiniesta, el Dulce Nombre y El Cachorro, retratadas en la década de los 40 por el compositor Joaquín Turina. / Archivo Turina (Fundación Juan March)
En el ámbito que le es plenamente propio cada vez son más los esfuerzos de músicos por poner en valor la obra compositiva de Joaquín Turina (1882-1949), sea desde el festival bianual que lleva su nombre o, más recientemente, desde el universo de la música cofrade, con la publicación del disco A medianoche. Al hilo de esta publicación, que ha permitido bucear en el archivo del compositor –custodiado por la madrileña Fundación March– surge la exposición que, centrada en la fotografía de Semana Santa, se presentará el próximo 9 de abril en la Fundación Cajasol.

Fotógrafo aficionado, su legado documental testimonia que era un gran aficionado a las procesiones y a los desfiles militares, llegándose a definir él mismo como «capillita» en el artículo El gran poema de Sevilla que publicó para una revista hispalense, Semana de Pasión, en 1948. Quién más ha estudiado esta otra faceta de su quehacer es Ana Ruibérriz de Torres, comisaria de la exposición. «Se sabe que Turina participaba activamente en su hermandad de Pasión, que preparaba los pasos y estaba presente en los traslados de las imágenes. También salió mucho de nazareno, tanto en Pasión desde que tenía 15 años, como ya de mayor, en Las Penas de San Vicente», explica.

La muestra trazará un recorrido por una Semana Santa histórica en la que se plasman preparativos de pasos en sus iglesias y, sobre todo, procesiones en la calle. «Turina se movía en los distintos ambientes de la cofradía con la misma facilidad que los reporteros. En muchas ocasiones, las tomas de los nazarenos las realizaba situándose en medio, en el espacio reservado a los participantes y no a los espectadores», comenta Ana Ruibérriz, hermana de Rafael Ruibérriz, quien al frente de la Banda del Sol, ha compilado la música de inspiración cofradiera del compositor de la Sinfonía Sevillana y La oración del torero.

«En plena Semana Santa y siempre elegantemente vestido, visitaba por la mañana las iglesias y veía después las procesiones en los lugares más emblemáticos», anota la responsable de la puesta en valor de este arsenal fotográfico –hasta un total de 801 tomas–. «Se conocía de memoria los Cristos y Vírgenes e identificaba el repertorio de marcha procesionales de su época». Fruto de esta devoción sacra resulta una colección de imágenes, en su mayoría con planos abiertos, en los que el artista consideraba todos los elementos de la escena.

«Al revisar una por una las fotos da la sensación de que las tomas son algo anárquicas, con disparos indiscriminados, pero el resultado final es un conjunto de imágenes con características especiales que van más allá de la religiosidad. Se muestra por un lado el carácter festivo, por otro la intervención casual de los personajes y, por último, el desarrollo de la actividad», concluye Ruibérriz de Torres. En vísperas del Domingo de Ramos se podrá acceder, en condiciones óptimas, a todo este material histórico. Por ahora, quede aquí este adelanto.

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