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miércoles, 22 de enero de 2014

El Cirineo: El Efecto Poniente

Los nazarenos no son importantes. Esa es la nueva filosofía oficial que nos han impuesto en esta bendita ciudad. Que una cofradía pretende incorporarse a la nómina oficial con poco más de cincuenta "nazarenos"... no importa. Lo que cuenta es que haya otra hermandad que llevarnos a la boca al hojear el librito de Semana Santa.

Desde luego, siendo abogado de pobres, resulta incongruente exigirle un número mínimo, al menos para que el segundo paso no vaya a menos de treinta metros del primero, cuando no hacemos lo mismo con las cofradías que ya hacen carrera oficial, algunas desde hace muchos años, décadas. Pero como los nazarenos no son importantes...

Lo que importa es el costalero, la flor, el bordado, la música y la Catedral, la sempiterna Catedral, que digo yo que todos aquellos que tanta importancia le dan a que se haga Estación de Penitencia en la Catedral, porque por lo visto no se puede hacer adoración al Santísimo en ningún otro sitio del universo -porque para eso se va a la Catedral y no para la foto ¿verdad?-, deberían preocuparse de que haya quien adore al Santísimo. Ahora saldrán los de siempre diciendo que lo importante no es la cantidad sino la calidad y gaitas similares. Por esa misma regla de tres, no se qué necesidad tenemos de ir añadiendo cofradías a cada día de nuestra Semana Santa cuando visto lo visto no hay mercado para tanto. Ni en nazarenos ni en costaleros. Es verdad que el mundo del costal está viviendo un momento de boom en los últimos años, pero también lo es que los que llevamos unos añitos en esto, sabemos que estas cosas son cíclicas, y lo que hoy son cuadrillas completas o casi, mañana se convierten en "vente a echar a una mano que desde la calle xxxx vamos fritos" o en "hoy mi cuadrilla (mi minicuadrilla, en número, no se me enfaden-) ayuda a la tuya y pasado mañana la tuya a la mía, y así parece que los dos tenemos una cuadrilla completa".

Centrémonos en los cortejos de nazarenos; iba a escribir de capirotes pero esto ya no se puede decir en Córdoba tras la incorporación del "modelo Zamora" al Martes Santo. Conste, y ya hablaremos otro día sobre ello, que no me encontrarán entre los acérrimos detractores del hábito de la Universitaria. Sin volverme loco, a mi no me disgusta. Pero desde luego, se pongan como se pongan, el hábito no obedece en absoluto al canon estético que nos hemos dado desde hace siglos en Andalucía.

El asunto de los cortejos es uno de los problemas más graves que tenemos entre manos los cofrades cordobeses. De hecho, leyendo publicaciones de otras capitales, es un problema redundante en toda Andalucía salvo cofradías muy concretas... y Sevilla. Ahí no existe el problema. Y no se da por muchos factores. Entre otros porque sin lugar a dudas, allí prevalece una cultura nazarena arraigada desde hace siglos que no existe en nuestra ciudad. Aquí salir de nazareno es "cosa de niños". Muchos jóvenes salen hasta alcanzar la edad para coger el costal, y cuando lo sueltan -mucho antes de lo que podrían soltarlo, entre otras cosas porque lo cogieron mucho antes de lo que deberían cogerlo-, a muy poquitos se les pasa por la cabeza vestir túnica y capirote. Y otro tanto sucede con los que nunca han llevado costal... cuando ya son demasiado hombres para salir de nazareno se limitan a acudir a sacar la papeleta de sitio para sus niños... y vuelta a empezar. En Sevilla concurren varias generaciones de una misma familia "bajo el antifaz". Aquí con cuentagotas.

El otro factor determinante que en mi opinión marca la diferencia en el tamaño de los cortejos, es la distribución espacial de las hermandades. La concentración en un mismo espacio físico que se da en Córdoba raya en ocasiones lo absurdo. Como ejemplo ahí está el "nuevo Martes Santo", con tres hermandades saliendo el mismo día entre San Lorenzo y San Andrés, y una de ellas, la más joven, creyendo o diciendo que cree que va a incrementar sustancialmente su cortejo con su incorporación a Carrera Oficial... imagino que con nazarenos venidos de Rabanales, porque no parece que en el barrio puedan "competir" con dos que como mínimo le llevan cuarenta años de ventaja. Es cierto que en Sevilla también hay un gran número de cofradías en los barrios céntricos, pero también lo es que la densidad de población no tiene nada que ver con nuestro "casco histórico".

Y en este sentido, tenemos dos ejemplos claros en nuestra ciudad de qué es lo que hay que hacer. La Estrella y La Cena han experimentado un crecimiento espectacular desde que tomaron la valiente decisión de marcharse del saturadísimo centro y echar raices en barrios "modernos". A los cofrades cordobeses se nos llena la boca hablando de la Cena y de su fantástica evolución y del incuestionable acierto que ha supuesto su llegada al barrio de Poniente, y al mismo tiempo nos falta valor para plantear lo mismo con otras cofradías cuya realidad social es manifiestamente mejorable. Y lo curioso es que si rascamos un poquito a casi todos se nos vienen a la cabeza las mismas hermandades y los mismos barrios de posible destino. Pero, por lo que sea, pocos se atreven a decirlo públicamente. Como los que se tiran de los pelos con la incorporación de la Universitaria tal y como está configurada pero no levantan la voz públicamente para no ser señalados por el dedo acusador de lo políticamente correcto; "sufriendo en silencio", como aquél anuncio, ¿recuerdan?.

Pues ahí van ejemplos de cambios hipotéticos. ¿Se imaginan a la Soledad saliendo del Colegio Franciscano Santa María de Guadalupe, al Cister de Santa Rafaela María (Arroyo del Moro) o a la Borriquita del Colegio Cervantes?. No se me alteren algunos, son sólo hipótesis que puede que incluso chocasen hasta con la predisposición de los responsables de las sedes propuestas, aunque no me corresponde a mí sondearlo. Si no pudiesen ser éstas, bien podrían ser otras. Lo que estoy diciendo es que en lugar de crear nuevas hermandades en una ciudad en la que a día de hoy no hay más mercado -que no hay, se pongan como se pongan, que tenemos la población que tenemos y sobre todo la población cofrade que tenemos-, ¿por qué no planteamos el éxodo de hermandades que poco pueden hacer para crecer donde tienen ahora su sede canónica -y a las pruebas me remito- a barrios que no tienen una hermandad y que gozan de un potencial incuestionable?. 

Seamos valientes, la Estrella y la Cena lo fueron y ahí está el resultado. El futuro está en los barrios... no me cabe la menor duda. ¿Y a ustedes?


Guillermo Rodríguez










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