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domingo, 9 de febrero de 2014

Nuestro Padre Jesús de las Penas de la Estrella de Triana en la mirada de Miguel Ángel Badía Álvarez


Fantástico reportaje de nuestro colaborador Miguel Ángel Badía Álvarez, (Cámara Cofrade) de Nuestro Padre Jesús de las Penas, Sagrado Titular cristífero de la Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella Coronada, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina.

Nuestro Padre Jesús de las Penas (1655) es obra de José de Arce. En esa época, el flamenco José de Arce estaba a punto de convertirse en el escultor más prestigioso de Sevilla. Le avalaban poderosas razones artísticas, basadas en un estilo solemne, rico en ritmos y ungidos de pasión. Un estilo nuevo, que consistía fundamentalmente en trasladar a la escultura los modelos pictóricos de Rubens. A esta interpretación de modelos rubensianos se une el conocimiento de los escultores flamencos de los estilos europeos, especialmente a través de la colaboración de muchos de ellos en los trabajos de Lorenzo Bernini para el Vaticano. Sus arrogantes imágenes, de carácter teatral y declamatorio, tan opuestas a las tranquilas siluetas del clasicismo andaluz, habían sido bien recibidas en Jerez de la Frontera y en Cádiz.


Arce es el más avanzado escultor barroco que trabaja en nuestra región por el atrevimiento de sus formas, la expresividad de sus rostros, ropajes y actitudes, así como la intensa expresividad espiritual de sus tallas. Por su formación, Arce es en nuestro país el primer representante del estilo barroco cosmopolita del XVII, que reúne y sintetiza las diversas corrientes escultóricas y pictóricas vigentes en Europa durante el tercio central de dicho siglo, de la cual es ejemplo esta espléndida imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas.

La imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas representa el momento anterior a la Crucifixión. Alcanza una altura de 1,46 m, habida cuenta de su posición sedente, y la materia prima fue la madera de cedro, posteriormente policromada. Cristo, sentado sobre una roca, con las manos unidas en oración, levanta su mirada al cielo, meditando sobre su muerte. Con un gesto tristísimo y angustiado, alza la cabeza y muestra los labios entreabiertos en un diálogo interior con el Padre pero también dirigido a quien se acerque a compartir su dolor.


La composición deriva de la estampa grabada por Alberto Durero para el frontispicio de la “Gran Pasión”. Su presencia en el taller de Arce era casi obligada, si tenemos en cuenta el aire nórdico que le traspasaba y el magisterio que ejerció Durero sobre los artistas de los Países Bajos.

Iconográficamente, la imagen de una figura meditando sentada sobre una piedra y apoyando el rostro sobre una mano, tiene un origen que se remonta a época grecorromana, en la cual se representaba a Saturno, el más antiguo de los dioses del panteón griego, sentado en esta actitud; desde entonces se asoció a la deidad con el temperamento melancólico, con la introspección y la meditación. En el mundo cristiano, especialmente hacia el último cuarto del siglo XV, los filósofos neoplatónicos relacionaron la figura de Saturno con Cristo, como guía y maestro de la más profunda contemplación filosófica y religiosa; sobre estos planteamientos en 1.914 Alberto Durero estampaba su xilografía “Melancolía I”, cuya influencia en el arte religioso fue decisiva en la representación de Jesús pensativo ante el instrumento del suplicio, hasta llegar a ser una de las escenas pasionarias más divulgadas desde el siglo XV hasta el XVIII. Es habitual en estas escenas situar la cruz tendida en el suelo junto a la víctima. Esta asociación con la Cruz está presente en el título fundacional de la Cofradía: “De las Penas de Christo Nuestro Señor y Triunpho de la Cruz”.


De igual manera, la advocación de la imagen procede de los Países Bajos y Alemania, donde se creó esta iconografía donde estas figuras se denominaban “Cristo de la Humildad y Paciencia”, “Cristo de Piedad” y “Cristo de las Penas”. La vinculación de nuestra dinastía reinante con los mencionados países favoreció el arraigo de esta devoción en España. Para mover más a la piedad, durante el barroco se suele alterar la postura inicial de las manos para unirlas en el gesto de oración que muestra la escultura que nos ocupa. Esto motivó su proliferación en hospitales y asilos, como consuelo para los enfermos y ancianos, siendo el ejemplo a seguir en las calamidades de la vida.

Nos encontramos, en definitiva, ante una talla realizada por uno de los más importantes escultores barrocos que trabajan en nuestra región, introductor en España de una nueva forma de interpretar el estilo barroco quien, al ejecutar esta figura, realiza una perfecta conjunción entre la iconografía tradicional de la melancolía y la meditación sobre la muerte. Una obra digna del mayor interés para los estudiosos de la historia del arte y merecedora de la devoción de quienes buscan consuelo a su dolor en los sufrimientos de Cristo.














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