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jueves, 28 de mayo de 2015

Enfoque: Tolerancia cero ante los insultos


Guillermo Rodríguez. Son muchas las ocasiones en las que los hechos se empecinan de manera pertinaz en confirmar una noticia, por mucho que desde determinados ámbitos implicados se intente negar la evidencia. Algo así ha sucedido en esta semana de feria y resaca electoral tras los lamentables y vergonzosos sucesos acaecidos el pasado domingo en la calle que, de momento, todavía aparece en el callejero de Córdoba como María Auxiliadora, cuando parte del cortejo que acompañaba precisamente a la Virgen que le da nombre, en una muestra de la más deleznable intolerancia y desde la actitud antidemócrata y la cobardía más repugnante, a sabiendas de que unas personas que están desarrollando un acto de culto religioso jamás van a responder del mismo modo grosero y violento a sus agresores (ojo no confundir con poner la otra mejilla de manera permanente), recibió insultos perpetrados por parte de los individuos que festejaban el resultado electoral de Ganemos Córdoba (agrupación de electores respaldado por Podemos y por organizaciones como el Colectivo Prometeo o Córdoba Laica, que les alcanza a ser tercera fuerza política de la ciudad empatada con Izquierda Unida y a echar al Partido Popular del poder, verdadero objetivo visto lo visto y único motivo por el cual se explica semejante efusividad en la celebración, que podría ser tachado de exagerado por cualquier analista aséptico (en peligro de extinción). Exagerado porque el resultado del enemigo ha sido más consecuencia de la abstención sufrida que de los logros de terceros y porque cuando se pregona que se aspira a ganar, quedar terceros a tanta distancia del vencedor debería convertir en más comedidas las celebraciones.

A raíz de lo ocurrido, se han producido numerosas reacciones a través de las redes sociales denunciando los insultos y sendos artículos en Gente de Paz y ABC Córdoba (por este orden, no esperen noticias de este tipo bajo otras cabeceras, físicas o digitales, alguna de ellas con sección cofrade cuyo nombre me suena una barbaridad) han provocado lo que muchos periodistas nacionales han venido denunciando en los últimos tiempos, es tocar a cualquier cosa que huela a Podemos para todo lo que no sea reirles las gracias y automáticamente una multitud de ladridos (invocando a Cervantes, que nadie se me enfade) y respuestas vociferantes, responden con fiereza, obstinándose en negar la evidencia aplicando la máxima de que si repites una cosa hasta la saciedad se convierte en realidad o en este caso, si niegas la verdad hasta el hartazgo, ésta desaparece.

Sucede que esta máxima rara vez se cumple salvo en mentes enfermizas o sectarias, en crecimiento exponencial en las últimas fechas, eso si. Reacciones con nombres y apellidos, eso las diferencia de las realizadas en el ámbito cofrade cuando un artículo de opinión no gusta, en el que abundan los improperios desde el anonimato o el refugio en seudónimos. En este caso, personas vinculadas a Podemos y otras organizaciones creadoras de Ganemos Córdoba, con su nombre y apellidos se han permitido el lujo de decir que las personas que nos habían contado lo ocurrido faltaban a la verdad, llamando mentirosos a nuestros interlocutores y por extensión a Gente de Paz. Es el caso de Talía Blanco Fernández, miembro del "consejo ciudadano" de Podemos Córdoba (en una de las múltiples denominaciones de la red que han tejido) al que yo como ciudadano no pertenezco y entiendo que la mayoría de los insultados tampoco, que literalmente comenta nuestra noticia tachándola de mentira. En otro comentario directamente llamaba mentirosos, bien a nuestros informantes o bien a nosotros por hacernos eco de lo ocurrido, comentario que no ha sido publicado, porque cualquier comentario de contenga un insulto a cualquiera jamás será publicado en GdP. Curiosamente tras vociferar el insulto (acompañado de signos de admiración) exigía ¡a vivir y a dejar vivir!, en una muestra de cinismo que se antoja cuando menos llamativo después de haber llamado mentiroso a terceros tres palabras antes.

Sea como fuere, la propia Ganemos reconoció públicamente lo ocurrido, de una manera más o menos directa vía redes sociales, indicando además que reprueban los hechos (al César lo que es del César) como no puede ser de otro modo, sólo faltaría que los hubiesen aplaudido y añadiendo que no pueden hacerse responsables de las reacciones de todos sus partidarios. Responsabilizarles directamente de lo que hagan algunos de sus componentes, sería lo mismo que si porque un número determinado de militantes de un partido se viesen envueltos en casos de corrupción, se extendiera la acusación de corruptos al resto de sus militantes o incluso acusar al Partido X de financiarse de manera ilegal porque algunos de sus miembros estuviesen envueltos en casos turbios y como entiendo que una formación como Podemos o sus sucedáneos jamás harían algo así, es lógico que se sacudan responsabilidad alguna de los insultos vertidos. O puede que si los insultos provienen de sujetos que enarbolan banderas vinculadas con la agrupación celebrante, a las puertas de su sede y durante la euforia por un resultado electoral, tal vez sí tengan cierta responsabilidad directa o derivada y hayan perdido una oportunidad de oro para demostrar ese respeto que se afanan en predicar y que ha brillado por su ausencia en este caso.

Los hechos han sido reprobables y repugnantes, impropios de personas que quieran ser adjetivadas como demócratas y negar lo ocurrido no hace que desaparezcan, del mismo modo que pretender justificarlo (no se sorprendan de nada a estas alturas) o llamar cizañeros a los que lo han contado tampoco. Que le quede muy clarito a cierta gente: ni la Semana Santa ni ninguna manifestación similar va a desaparecer en nuestra tierra. No logró terminar con ella ni la persecución de la IIª República donde no estaba en juego recibir más o menos insultos, sino la integridad física de los celebrantes. Los cofrades no vamos a tolerar que se ataquen nuestras cosas y las defenderemos hasta las últimas consecuencias, en los tribunales si es preciso. Ante los insultos, tolerancia cero, firmeza democrática, ideas claras y defensa a una de nuestros intereses. Si alguien pretende acabar con la subvención pública a las hermandades, que lo hagan, las cofradías han existido mucho antes que la miserable limosna que reciben de los poderes públicos a cambio de llenar de ocupación hotelera la ciudad y generar muchos puestos de trabajo año tras año, y seguirán existiendo, le pese a quien le pese. Si ciertos concejales no quieren hacer acto de presencia en determinados actos, que no vengan, nadie que no sienta lo que hace debe acudir a eventos con un componente religioso. Que les quede a algunos claro como el agua, podrán hacer muchas cosas pero jamás terminar con nuestras tradiciones... ni lograr nuestro silencio.











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