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viernes, 20 de junio de 2014

Divina Plata: Visita guiada a la Custodia de Arfe


Vanus sunt sensus homini. Los sentidos del hombre son vanos. En algún lugar de la Custodia, Arfe dejó cincelado este lema. Lo que ven, lo que tocan, no es pan, no es vino. Es Dios. En torno a Él, Arfe construye este edificio. Una de las obras de arquitectura más complejas que existen en la ciudad. El propósito de su autor material y el ideológico era mover los espíritus a la devoción del Santísimo Sacramento, en una época de herejías y cismas que negaban la presencia real de Cristo en el Pan y en el Vino. Frente a esto, Juan de Arfe y sobre todo el canónigo y humanista Francisco Pacheco componen un programa iconográfico que no iguala ni el mejor retablo del mundo. Pasen y vean esta obra como nunca la vieron. Entren en la Custodia de Sevilla...

En la sala del tesoro descansa durante todo el año la mejor Custodia de España. Tan es así que después de ésta se hizo otra de oro... No se terminó hasta el siglo XVIII, pero sólo salió algunos años. Fue retirada y fundida para pagar las guerras de Carlos III. Y es que los canónigos querían la de Arfe. Lo mismo le pasa a la que es su mejor conocedora, la profesora emérita de Historia del Arte María Jesús Sanz Serrano, que ha realizado numerosas investigaciones y publicaciones sobre la pieza y su autor. En ella, dice Sanz, "Juan de Arfe, el tercero de los Arfes perfecciona el modelo de Custodia en forma de torre que había ideado su abuelo en Toledo".


Hablemos de los Arfe. Para ser justos, hay que admitir que Moeckel no es el único alemán del Arenal. Muy cerquita de casa del activo abogado discurre una calle que, acudiendo a las fuentes, debería llamarse «Calle Harff». El abuelo de nuestro Arfe Heinrich Harff, procedía de la ciudad alemana del mismo nombre, cerca de Colonia. Se estableció en Castilla y se castellanizó como Enrique de Arfe. Fue el creador de la gran custodia gótica de Toledo. Acudía allí donde le contrataran, como hizo su hijo, Antonio de Arfe, que cuenta en su currículo con la Custodia del pueblo del Cardenal Amigo, Medina de Rioseco.

A diferencia de sus predecesores Juan es un humanista, un intelectual con las ideas muy claras. Conocía bien el dibujo y la teoría de la arquitectura. Pese a no haber puesto un pie en Italia plasmó el mejor Renacimiento en esta obra. También hizo las custodias de Ávila y Valladolid, pero esta es la mejor, según él mismo reconoció. Su teoría de la arquitectura está recogida De Varia Conmensuración para la escultura y la architectura, que publica en Sevilla cuando ya está concluyendo la pieza. En ese libro, uno de cuyos ejemplares ha sido recientemente restaurado por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, recordaba: «Esta es la arquitectura que conviene que sepan los plateros, pues no han de cimentar torres, ni cerrar bóvedas, ni estribar templos, sino sólo (…) saber precisamente el rigor de las ordenes de edificar las monteas al modo antiguo, según lo han tratado Vitrubio y todos los arquitectos que después de él escribieron ». Así fija los cánones de la Custodia de Torre o de asiento, que se pueden comprobar con un mero vistazo a la de la Catedral de Sevilla.

Siempre un número de cuerpos impares. Nunca escenas de la Pasión. Nunca capiteles de orden dórico, porque sería demasiado tosco para una obra tan refinada. Desde el primer hasta el último cuerpo una línea recta debe conectar por el centro a todos.

La nuestra cumple punto por punto todas estas máximas. Cinco cuerpos, porque si se fijan bien, la figura de la Fe que remata el conjunto descansa sobre un cuerpo pequeño que constituye el quinto. Para las grandes Custodias, como es el caso, el Santísimo en el segundo plano. El orden de capiteles es dórico, corintio y repite este estilo para terminar en combinado. Lo dijo el tío del pintor Francisco Pacheco, el canónigo del mismo nombre que se encargó de diseñar todo el programa iconográfico. Nunca escenas pasionistas. Es para un día de fiesta. Se funden escenas del Antiguo con las del Nuevo Testamento. Con todo, en la Custodia sí existen representaciones de Cristo muerto e incluso algunos ángeles soportan atributos de la Pasión, aunque se trata de representaciones alegóricas.

Firmada y fechada

Damos un paseo por los exteriores de este singular Palacio para Jesús Sacramentado. Fíjense, debajo de una cornisa el único texto en castellano que figura en toda la obra: «Juan de Arfe natural de León hizo esta obra en 1587». Pero por encima y alrededor de todo este primer cuerpo figuran las leyendas latinas que hacen referencia a cada uno de los paneles de las escenas del Antiguo y Nuevo testamento.

Iglesia verdadera

“Humanae Ebritatis Ludibria”, las burlas de la ebriedad humana, bajo el panel donde los hijos de Noé se ríen de su padre borracho. «Ecclesíae Catholicae Veritas », la Verdad de la Iglesia Católica con una mujer triunfante ante la que huyen las herejías y tantos otros. Un relieve que los profanos identifican por su parecido con la Cibeles madrileña.

Inspiración para sevillanas

Uno de los más llamativos se encuentra casi oculto. Se trata del relieve del tabernáculo. Un pasaje del Antiguo testamento en el que los sacerdotes figuran ante la tienda que guarda el Arca de la Alianza. Es artista es en este caso preciosista con el repujado de los relieves de las lonas y ornamentos. Fíjense bien... ¿No les recuerda una caseta de feria?

Las de más valía

Entre la columnata del primer cuerpo, Arfe y Pacheco colocan las esculturas de mayor tamaño de toda la Custodia. Los Santos que demostraron su devoción por la Eucaristía, como San Jerónimo, Tomás de Aquino, o el Papa Urbano IV, el creador de la fiesta del Corpus Christi. Son las figuras que mejor cobró Arfe de todas cuantas realizó. El cabildo estableció un precio en función del trabajo que el orfebre realizaba en cada uno de los elementos de la torre.


Arca de Noé

La flora y la fauna de la custodia son muy variadas y cargadas de simbología. Sobre las columnas, en las cornisas, en arquitrabes y volutas, Arfe realizó los relieves de animales como el caracol, los pájaros que pican las uvas, los pavos reales, las granadas, leones, y otros numerosos elementos naturales. Algunos representan vicios humanos dominados por las virtudes cristianas. La liebre era una de las representaciones del mal. De hecho, la superstición decía que las brujas podían transformarse en este tipo de roedores. Pero por encima de todo, los elementos de este tipo más representados son los racimos de uva y las espigas, dentro de la ornamentación, o como elementos centrales en las alegorías de la cruz de la que crecen las dos especies.

Dogma de Fe

Si hubiéramos entrado en la Custodia recién acabada, el aspecto sería bien distinto. Recordamos que fue modificada en los años del barroco. En primer lugar, la altura. En el XVII se le incorpora la peana con las jarras que deforma la esbeltez de la obra. Los angelitos y santos creados por Arfe cambian de ubicación y son sustituidos por otros elementos. Y lo principal: la Inmaculada. De exagerado tamaño, fue incorporada para sustituir la figura de la Fe sentada del orfebre. En aquel tiempo, Sevilla revivía el segundo brote de la devoción a la Purísima. Los santos que rodeaban la figura primigenia de la virtud teologal, permanecieron adorando a la Virgen.

Santos sevillanos

En torno al ostensorio, Arfe retrata por petición del cabildo a los Santos sevillanos. Justa y Rufina, Isidoro y Leandro, Hermenegildo... Así hasta 12 santos entre los que falta San Fernando, canonizado tiempo después de la realización de la obra. Delante de ellos, los angelotes barrocos que diseñó Valdés Leal en una de las remodelaciones. Demasiado grandes para la cornisa, dicen los expertos.

La plata de la Custodia vino en barco. En la flota de Indias que desembarca en el Arenal de Sevilla. Aproximadamente 350 kilos de plata se utilizaron en esta obra. La mayor parte de ella, procedente de Perú y de México. En parte también se refundieron lámparas propiedad del cabildo catedralicio. Plata labrada y repujada que viene a recubrir una compleja estructura de hierro diseñada por el propio Arfe, aunque la base barroca posterior está puesta sobre madera.

Coronando la pieza se añadió en el siglo XVII la imagen de la Fe triunfante. Es figura que los niños de Sevilla identifican como una hermana menor de la giraldilla transformó radicalmente el perfil de la obra. En origen, y según las formas del renacimiento en la cima figuraba un remate en forma de esfera con una pirámide. Es una solución que Juan de Herrera adopta en el Escorial, o que, sin ir más lejos podemos encontrar en Sevilla en infinidad de retablos y espadañas, como la del Museo de Bellas Artes.






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