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miércoles, 18 de marzo de 2015

Entre la Ciudad y el Incienso: Antes de la historia‏


Blas Jesús Muñoz. ¿Cómo explicar el dolor? ¿Cómo definir el vacío? ¿Cómo narrar cuando te arrancan la carne de tu carne? Dónde se refleja ese daño, la laceración inmensa de la soledad acuciante. Dónde se marcan las ausencias venideras, la pérdida, los besos que ya no volverán para quedarse. Qué sentirá cuando vuelva a casa y el silencio dicte su sentencia eterna, entre la oscuridad de las paredes, los muros infranqueables que forman los varales de su palio, como una cárcel en vida.

El rostro que la describe se adelantó a la historia. Estuvo antes de los acontecimientos y es superior a las circunstancias. La tez que la reconoce por las calles sin nombre, donde camina tras Él buscándolo en una carrera desesperada que solo busca abrazarle por última vez, es tan doliente que cualquiera hace propio su dolor..

El dolor traspasado de la Virgen Nazarena se asume por el espectador en cada esquina y, aunque sea por vez primera, lo convierte en devoto. Lo compartes, te atrapa, te llama por tu nombre y querrías ocupar el lugar del Evangelista para intentar consolarla. La Virgen Nazarena mira al cielo y, su mirada perdida e interrogante, sin mirarnos nos abre el alma en dos porque la suya es tan pura que estaba ahí desde siempre, antes de que se escribiera la historia.









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